jueves, 23 de diciembre de 2010

Un regalo de jueves



"Hay días que parece que nunca se va a apagar el sol, y otros son más tristes que una despedida en la estación.Es igual que nuestra vida que cuando todo va bien , un día tuerces una esquina y te tuerces tu también"

Había tenido una semana larguísima, reuniones, llamadas y mucho mucho trabajo, pero ya era jueves y al cansancio acumulado sumado a las pocas horas de sueño había que añadirle el gimnasio.

Después de hora y media haciendo ejercicio para tratar de evitar que el alto ritmo de vida termine por atrofiarme del todo, y la ducha reglamentaria salí por la puerta del gimnasio notando la presencia de un agujero negro ubicado en mi estómago, y en ese momento me di cuenta de que aun no había comido.

Mientras avanzaba en dirección al coche pude notar como mis hombros pesaban cada vez mas a la vez que era incapaz de mantener los parpados en alto mientras no podía dejar de arrastrar los pies. Decidí parar un segundo, cerré los ojos y noté como una bocanada de aire me acariciaba la cara, fue una sensación agradable por lo que me pareció buena idea disfrutarla treinta segundos más, momento, en el que escuché un ruido, al abrir los ojos pude observar como el reloj, que era una prolongación de mi se me había desprendido de la muñeca cayendo contra el bordillo de la acera.

Tras recogerlo pude comprobar como se había parado lo cual lejos de incomodarme por la posibilidad de que se hubiera estropeado, por alguna extraña razón me hizo sentir mejor, y ya no me pesaban tanto los hombros, ya no me costaba mantener los parpados abiertos, ya no arrastraba los pies.

Recogí el reloj del suelo, me monté en el coche y decidí irme a casa a comer, fué extraño no recibir ninguna llamada de camino a mi casa, pero más raro era aun tener la posibilidad de comer sin que ninguna conversación telefónica de veinte minutos enfriara mi comida.

Posteriormente me conecté a internet para conocer el estado de mis cuentas bancarias el cual reflejaba un estado positivo habiéndose pagado todos los recibos correspondientes al mes en curso, no estaba forrado pero este seria un mes en el que no tocaría hacer malabares económicos para poder asistir a la reunión que tenia en Santiago o para poder tomarme unas copichuelas el próximo sábado.

Comprobé mis cuentas y miré mi agenda, solo me quedaban tres reuniones esa tarde, dos de ellas a primera hora y en las cuales no se presentaron problemas.

Tras eso recibí una llamada del jefe de la compañía para manifestarme que se habían confirmado los incentivos de los que ya habíamos hablado y que recibiría el ingreso en dos días, lo cual me llevó a llamar inmediatamente a mi madre “mamá, ¿sabes que? Puedo ir a verte en navidad!!!”

Ya solo quedaba la última reunión, pintaba mal, hacia algún tiempo que las relaciones en el seno del equipo se habían tensionado, iba a ser un momento difícil, el día había ido bien pero todo indicaba que se iba a terminar torciendo inevitablemente.

Llegamos a la reunión y todos nos saludamos algo mas que cordialmente lo cual a decir verdad me sorprendió, pero mas me sorprendió el buen clima con el que se celebró la reunión lejos de rencillas, malos entendidos o rencores absurdos.

Llegué a mi casa cené y con una sensación de plenitud me metí en la cama y mientras me dormía volví a sentir como me pesaban los hombros, casi no podía mover las piernas y cuando conseguí abrir de nuevo los ojos me desperté en una camilla con una sonrisa en la cara.

Al parecer todo había sido un sueño fruto de la inconsciencia tras el golpe con el bordillo por un desmallo fortuito, seguí sonriendo a pesar de que todo fuera falso, ese bordillo no había parado mi reloj, me había proporcionado una sonrisa y siete puntos en la frente que me había regalado una hora de felicidad, una hora de libertad.

"No le tengo miedo al diablo ¿no ves que no puedo arder? No hay más fuego en el infierno del que hay dentro de mi piel.
Todo lo malo y lo bueno caben dentro de un papel. ¿Quieres ver el mundo? Mira, está debajo de tus pies."